Mi trabajo está determinado por una especie de crisis emocional aparentemente causada por la exigencia de institucionalización y legitimación tanto de la obra como del artista que demanda la escena artística dominante para hacer parte de ella (o el ego o la simple necesidad de ser parte y ser reconocido por un grupo particular).

Dicha exigencia, real o no, hace parte del imaginario colectivo de los artistas, lo que hace preguntarme si mi opción como artista es emprender ese  camino o si es posible emprender otros caminos que me permitan ejercer la profesión.

Estos cuestionamientos me han llevado a desacelerar la marcha de la producción de obra, para observar y analizar escenarios posibles de acción y para entender cuales son las variables implicadas en la práctica artística.